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El dulce disparo de la raptora. Las cuerdas de un perro flaco. (Fee Reega Dúo. 18/06/2016)

  • Paco Nadie
  • 15 jun 2016
  • 2 Min. de lectura

Los que tuvimos la suerte de asistir al concierto de clausura fin del ciclo The Forgotten Films (2012-2016) de Mark John Ostrowski que el propio autor nos propuso organizar en local, presenciamos una de esas cosas mágicas que ráramente se esperan en un pequeño local autogestionado en el barrio de una ciudad mediana. Todo es posible.

La iniciativa surgio con la idea de cerrar estos dos meses de visionado y reflexión en torno al cine sincero de Mark Ostrowski invitando a alguno de los músicos que colaboraron en la banda sonora de su última película que se proyectaría como un preestreno en un pase privado para el equipo de rodaje, colaboradores y amigos. La idea de tener a Las Potras, que aparecen tocando en una escena de If I Were a Filmmaker quedó inmediatamente descartada. Los decibelios de la furibunda yeguada y la limitación acústica, espacial y legislativa así lo recomendaba. Aunque sabemos que cada vez son menos los espacios para la espontaneidad y más el vacío cultural y que las legislaciones tras la supuesta garantía del respetuo mútuo esconden una intención represión cultural, pero de eso ya hablaremos, pero en este caso el sitio, si es que los espacios de libertad hay que acotarlos, no era el más adecuado para desbarrar. Pero, una vez más, la limitación nos regaló la solución y el hallazgo, la presencia de Javier Bejarano al frente de la esquisita banda sonora nos dio la solución. La creciente colaboración entre el "asturiano de Las Hurdes" y El Americano sierense iba a tener un nuevo y precioso capítulo, aportando una tercera actriz que completaron uno de esos raros trios que van hilando los momentos mágicos, porque si juntar a dos es difícil, lo de que sean tres los que encagen es en estos tiempos bastante inverosimil.

La sorpresa de que Mark nos trajera una hora de imágenes, elaborada con una selección de recuerdos familiares y de descartes de material fílmico analógico de 8 y 16 mm, para acompañar las letras de las canciones, el trémolo de la voz de Fee Reega y el arco sobre la guitarra de Javier Bejarano hizo el resto, sólo nos quedaba brindar con tequila y hasta eso fue posible por unos momentos. ¡Hay tanta ilusión en el ritual de los brindis! Pero aquí no caben todos los detalles.

El concierto fue de una cruel belleza que remite a esa zona oscura de la historia en la que la voz de una mujer que muerde y el filo de un cuchillo que hace sonar las cuerdas del tiempo genético se hunden en la parte más profunda de los recuerdos de cada hombre, como la tristeza del perro ahorcado al que todo se le vuelven pulgas, el disparo de la raptora, la obsesión del que observa como se escapa el tiempo ante esa extraña belleza. Eso, ver la entrega silenciosa, la cara del los que asististeis y al cinaeasta americano, un gigante apasionado, emocionado por la experiencia (tan parecida a "lo que nos hubiera gustdo hacer con veinte años") mereció una vez más el esfuerzo y el riesgo. Gracias por hacerlo posible.

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